"Ida" forever. Paweł Pawlikowski

Author: Angelus / Etiquetas: , , ,


Hacer una reseña de la película de Paweł Pawlikowski a estas alturas del partido, con el resultado ya más que decantado y la sarta de goles conseguidos por el filme en forma de premios, pareciera superfluo, y seguramente lo sea. Sin embargo, un segundo y reciente visionado de la obra tras su reposición por mor del reclamo de los Óscar, provoca que me lance, con un propósito temerario, al ruedo y, con toda certeza, repita innecesariamente lo dicho -mejor y más a tiempo- ya por otros.

Ignoro si la coproducción danesa ha influido en el director para que adopte una mirada dreyeriana sobre su historia, si es así, el dinero esta vez ha jugado a favor del arte. Esas límpidas sábanas agitadas por el impetuoso viento que recibe a las antiguas inquilinas judías de la casa usurpada, no tienen otro parangón visual ni referente más que las mismas en la vivienda donde se desarrolla la trama de la inmortal Ordet. Esos silencios que llenan el guion de la obra, que comunican más que las palabras y que apelan a la inteligencia y la lógica del espectador, están tomados del cine nórdico. Los rostros de los personajes en primer plano testimoniando un mundo interior profundo, y esa frialdad y falta de énfasis que dominan las escenas más escabrosas, enlazan la película con la rica tradición fílmica escandinava que tiene sus puntos de referencia en Dreyer y Bergman.

¿Es, por tanto, la obra de Pawlikowski un remedo afortunado de la estética de esos maestros? No, lo que hace el director polaco es incardinarse en la mejor tradición del cine europeo (¿qué somos, a la postre, sin la tradición?: nada; como afirma Simone Weil: "El arraigo quizá sea la necesidad más importante e ignorada del alma humana"), para narrar una historia truculenta del pasado reciente de Polonia: el antisemitismo y los crímenes comunistas de la posguerra; y ello con un lenguaje visual magistral, que transforma el blanco y negro en arte de muchos quilates. Además, nadie podrá tacharla de ser una obra pesada o pretenciosa; su hora y media escasa sabe a poco y deja en el ánimo del espectador el deseo de acompañar a la protagonista en su camino final de vuelta al convento.

Jean-Luc Godard dijo que el travelling es una cuestión moral; pocas veces esta expresión es más aplicable que en Ida, pero no sólo los travelling, sino también los emplazamientos de la cámara y sus encuadres. "Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio!", ordena Bernarda Alba y parece el lema moral de Pawlikowski; la obra de Lorca, tan alejada en su expresividad meridional de la estética contenida de Ida, pero rica visualmente por sus contrastes de blancos y negros, acude también a mi mente.


3 comentarios:

ethan dijo...

Tengo que verla ya. Dreyer, Bergman, uff esos son palabras mayores...

Licantropunk dijo...

Las grandes películas son las que nos llenan de referencias a lo ya visto y que en su día nos pareció sublime. A mí Pawlikowski me trajo a la cabeza, en primer lugar, a otros grandes directores de cine polacos, y cómo no pensar que estos se subieron a hombros de gigantes que capturaron como nadie la luz del Báltico. Y Lorca... ¡bravo!
Pues aunque te pueda parecer imposible a más de uno le he oído bufar contra esa hora y media escasa. Y yo me pongo a argumentar, y a defender, y a discutir, y lo único que logro son ganas de mandar a alguno a la porra y dejarlo por imposible. No hay, pues no hay, y con un intento basta.
Saludos.

Angelus dijo...

No se ha hecho la miel para la boca del asno o echar margaritas a los cerdos. Son argumentos en base a frases hechas o refranes que se podrían utilizar en esos casos, Licantropunk, aunque quizá un poco hirientes, o no... El cine en blanco y negro polaco no me suele agradar, pero esta obra eleva el arte a cotas muy altas. Saludos.